Muchos sois los que nos preguntáis por los Beneficios de una rehabilitación energética. ¿Por qué merece la pena mejorar la eficiencia energética de mi vivienda? ¿Para qué invertir en mi casa?

Estamos muy poco acostumbrados a concebir el gasto en nuestra vivienda como una inversión en nuestra salud o es nuestro bienestar, tanto físico y mental como económico.

Vivimos en una sociedad de la inmediatez y cobra muy poco peso la cultura de la conservación y el mantenimiento de nuestras viviendas.

Nos parece normal gastarnos 15.000€ o 20.000€ en un vehículo que se deteriora día tras día y que sustituimos cada 10 años, pero, sin embargo, nos resulta inconcebible invertir la misma cantidad en nuestra casa, en el espacio donde comemos y dormimos, sabiendo que, además, es recuperable.

Explicamos a continuación cuáles son, a nuestro criterio, los beneficios de una rehabilitación energética.

 

1. Mejora del confort, el bienestar y la salud desde el primer día.

La OMS establece que un 30% de la Tasa de Mortalidad Adicional en invierno, que cuantifica el número de muertes adicionales que ocurren durante los meses de invierno, en comparación con las muertes que se producen durante el resto del año, es ocasionada por la exposición a bajas temperaturas en las viviendas. En el caso de España, puede suponer anualmente la muerte más de 800 personas durante el periodo el invierno. En verano, no deja de ser menos grave donde 13.283 personas murieron por ola de calor en España entre los años 2.000 y 2.009.

A día de hoy existen 5 millones de personas que habitan viviendas con una temperatura inadecuada.

Aislar nuestra vivienda o edificio, cambiar nuestras ventanas, aislar nuestra cubierta, mejorar su conservación, supone decir adiós no sólo al frio y calor, sino también a enfermedades cardiovasculares y respiratorias derivadas de esta situación de pobreza energética.

Durante los años 2001 a 2008, Irlanda del Norte invirtió 109 millones de euros para la mejora de la eficiencia energética de viviendas. De esa inversión se calcula que el 42% retornó a las arcas públicas en forma de ahorro para el sistema nacional de salud.

Si además aprovechamos estas intervenciones para utilizar materiales libres de tóxicos estamos contribuyendo a mejorar el ambiente interior de nuestras viviendas, en el que pasamos más un tercio de nuestra vida.

2. Ahorro energético y económico.

Reducir nuestra demanda de calefacción y refrigeración, aislando la fachada, sombreando nuestras ventanas y mejorando la ventilación, supone rebajar nuestro consumo energético y, con ello, nuestra factura.

Sin estas medidas, el calor que generamos en nuestra vivienda se está perdiendo por las paredes, por las ventanas, por puentes térmicos, por la cubierta, por el suelo. Ese aire caliente actúa como si de agua se tratase, buscando el recorrido más corto hacia el exterior.

3.Autosuficiencia.

En momentos de crisis e incertidumbres, donde la luz no para de subir, independizarnos tanto como podamos de la energía supone una de las acciones más resilientes que podemos acometer.

Si además somos capaces de producir nuestra propia energía limpia mediante el aprovechamiento del sol, estamos no sólo minimizando el cambio climático y nuestro gasto eléctrico, sino que estamos luchando de manera activa contra dicha crisis climática y beneficiándonos económicamente de la electricidad que vertamos a la red.

4.Contribución a la lucha contra el cambio climático.

En la Unión Europea, los edificios suponen el 40% del consumo energético y el 35% de las emisiones debido al mayor gasto en calefacción.

Esto pone de relieve la trascendencia de una serie de políticas públicas en aras de reducir la demanda energética del parque edificado, como ayudas y reducciones fiscales, que ya estamos viendo, y que se irán volviendo más exigentes en los próximos años.

Más allá de la responsabilidad gubernamental con dichas políticas de transición energética, resulta interesante pensar el gran potencial que tenemos como inquilinos y propietarios de contribuir a luchar contra la crisis climática.

5.Revaloriza tu casa hasta un 25%.

Invertir en nuestra vivienda es la inversión más segura que podemos hacer hoy en día. La rentabilidad a corto plazo que ofrecen algunos fondos de inversión no es la principal característica de invertir en nuestra casa pero, desde luego, sí, la seguridad de amortización.

Si todo el dinero que ponemos en planes de pensiones, acciones y fondos opacos varios, lo invirtiéramos en la mejora energética de nuestra fachada, en 15 años habríamos recuperado la totalidad del coste y empezaríamos a ganar dinero de energía no consumida.

Si además pensamos que parte de esa inversión la aporta la administración, ¿cómo no hacemos cola por rehabilitar nuestra casa?

Frente al argumento de por qué las personas más mayores invertirían en algo así, desde ReBive decimos, ¿Acaso no desean disfrutar del mencionado bienestar desde el primer día? ¿No tienen familiares, amigos a los que dejar una vivienda confortable y eficiente? ¿Las personas más mayores no pueden también ser parte de la lucha contra la crisis climática?

6.Mejora de la conservación.

Existen hoy en España 7,8 millones de personas con Patologías diversas en sus viviendas: humedades por filtraciones, goteras, eflorescencias, hongos, grietas y fisuras. Esto supone malas condiciones higiénico-sanitarias para sus usuarios/as.

Existe un apartado específico del Plan Estatal de Vivienda, de ayudas a la conservación de la edificación.

Gracias a una mejor estrategia de conservación y mantenimiento a través del “Arquitecto de la casa”, o a la rehabilitación energética de nuestra vivienda, podemos corregir estas patologías, reduciendo costes de mantenimiento futuro ya que dichas deficiencias tienden siempre a ir aumentando.

7.Mejora estética.

Aunque no sea la razón de mayor peso, siempre es interesante poder actualizar nuestra vivienda, poder elegir qué aspecto queremos que tenga nuestra fachada o nuestro barrio y sentirnos identificados con el lugar donde vivimos.

Y esto es posible teniendo en cuenta a nuestros/as vecinos/as, las normas internas de la comunidad y la normativa urbanística.

8.Adelantarse a las obligaciones energéticas.

En los próximos años se van a ir haciendo cada vez más exigentes tanto las directivas europeas como las propias normas españolas en referencia a la eficiencia energética de las edificaciones. Parece preferible apostar por estas medidas lo antes posible y poder optar a estas ayudas a la rehabilitación.

9.Incentivos y desgravaciones fiscales.

Existen a día de hoy algunas desgravaciones fiscales como la reducción del IBI en función de su calificación energética o las bonificaciones a tasas urbanísticos en la solicitud de licencias para la mejora energética de las viviendas.